viernes, 27 de febrero de 2026

LOS REFORMISTAS

Tras más de cuarenta años del actual régimen político a pocos se les escapa ya que un cambio es absolutamente imprescindible, que está partidocracia hace tiempo que agotó sus mentiras y que sólo continua por inercia y por necedad de los que participan en las urnas. Es aquí donde aparecen los oportunistas, quienes aprovechando la cobardía de los españoles, ofrecen la reforma como solución indolora y fácil a todos los problemas.

Una nueva generación de caras, nuevos partidos estatales, propaganda encaminada a hacernos creer que existe una regeneración moral en las clases gobernantes para engañar y hacer pensar que, sin extender el cambio a la forma democrática de las instituciones, hallaremos una solución al problema político.

Esa promesa de reforma desde el Estado es siempre sospechosa de falsedad y por buenas razones. Y es que, dentro de un sistema antidemocrático como el español, nadie podrá obrar en contra de las instituciones oligárquicas que lo elevaron al gobierno.

Aceptar la utopía de llegar al Estado para deshacer desde dentro, es negar la propia naturaleza de la condición humana. El regeneracionismo hierra al poner su objetivo en las élites de poder, en lugar de fijar su mirada en las instituciones corruptas, por nacimiento, que son la causa de la corrupción sistémica que padecemos.

El crimen político no es tan grave como el apoyo de las oligarquías mediáticas, la hipocresía y cinismo de los gobiernos del indulto y la fidelidad de los votantes a los partidos del crimen o su perdón.

No hay reforma posible. Sólo la Libertad puede crear las instituciones que garanticen la democracia y sometan a los gobernantes al control que la prudencia y la desconfianza exigen. 

Arthur Rackham | Original illustration for The Pied Piper of Hamelin, 1934


 

jueves, 26 de febrero de 2026

LOS IRRESPONSABLES

 

Los sentimientos egoístas que hacen a los individuos centrarse en sus vidas privadas y la falta de sensibilidad ante las responsabilidades públicas, son la base de la deserción de toda iniciativa y la delegación de la responsabilidad en políticos profesionales a cambio de la tranquilidad privada y el orden público.

Se permite y acepta la intromisión autoritaria por parte del Estado en todos los ámbitos, sin oposición, tal como sucedía en la dictadura, para no enfrentar la “opinión pública” que imponen los medios de información de la oligarquía. El Estado de Partidos hace imposible todo movimiento de organización social que no parta del Estado. No es tan grave la falta de libertad en la sociedad civil, como la disuasión de la voluntad de libertad que impone el régimen despótico instalado en el 78.

Una sociedad apática, que considera el pensamiento algo doloroso y la idea de actuar, algo turbador y sin beneficio personal, a quien el motivo superior del bien común le resulta hipócrita, es una sociedad impotente. Una sociedad irresponsable de sí misma que verá inmóvil cómo se destruye todo a su alrededor a menos que despierte en ella, a través de la conciencia, una pasión por la Libertad de la que hoy carece.

De usted, que lee este texto, depende el futuro de la sociedad en la que vive, no del político en quien delega usted su responsabilidad, pues como dijo Spinoza: “Sería bien precario remitir la salud del Estado a la buena fe de sus administradores, pues la tentación de obrar mal no debe poder ofrecerse a ellos”


 

martes, 24 de febrero de 2026

LOS TOLERANTES

 

Los votantes españoles han encontrado la felicidad en la urna. Tras el largo periodo de sometimiento a una sola persona están encantados con unas libertades individuales, retirables al capricho o interés de quienes les gobiernan. Sus problemas son, a su parecer, desgracias parciales. La falta de Libertad y de justicia son para ellos algo ajeno, distante, prescindible incluso.

El consenso político de la “transición”, la repentina tolerancia entre enemigos políticos, terminó con las aspiraciones de liberación y democracia. Cuando todos toleran a todos se dice implícitamente que toda opinión es igual a la verdad, o que no existe la verdad. Y esa mentira es la que mantiene contentos a los españoles. Contentos por haber pasado de un partido a varios, de estar forzados a pensar lo que diga un hombre a estar obligados a pensar lo que digan cuatro o cinco. Poder dejar la pasión nacional por las autonómicas y considerarse los mejores demócratas porque son tolerantes.

Son tan tolerantes que consienten la usurpación del poder por los partidos instalados en el Estado. Los mismos que han impedido su libertad y a los que votan felices y contentos. Qué tolerantes son, que incluso toleran los delitos de Estado y de partido volviendo a la urna en gesto de perdón. Así de envilecida está la moral de los españoles que tienen la tolerancia como una virtud en política, cuando es antidemocrática, puesto que aquí sustituye al respeto a la libertad de todos. La tolerancia desprecia la verdad de los hechos y no tiene consideración por las ideas dominadas. Se tolera a quien está en el error o se considera malvado. Se desprecia a lo que se tolera.

La oligarquía de jefes se partido presume de tolerancia y falta al respeto a la libertad de todos. Tolerancia entre facciones rivales para hacerse y perpetuarse en el poder que ha trastocado la moral de los españoles hasta tal punto que ha mudado en felicidad. ¡Qué maravilla! ¡qué democracia mas buena!

Pero la verdad no necesita de la tolerancia. La verdad es que en España no hay Libertad Política y que los partidos han usurpado el Estado.