Por vivir inmersos en la mentira, desde 1978, por ser cómplices de ella, voluntaria o involuntariamente, se creen los españoles libres. Y felices están en su creencia, pues nada hacen para buscar las causas de las consecuencias que padecen. Les basta y les sobra con quejarse sin cesar de la larga lista de atropellos y abusos que reciben, sin atisbar otra alternativa que la de seguir votando. Votar a quien sea que venga y lo arregle sin cuestionar cómo es posible que nunca viene ese “quien sea”.
Se sienten muy demócratas porque es lo que todos los medios les dicen, sin saber, ni querer saber ¿qué es un demócrata? Ha de ser algo que tenga que ver con votar y ser tolerantes. Qué más les da. Carecen de la capacidad de indignarse más que por lo que a cada uno de ellos les sucede individualmente. La indignación contra la mentira y la desigualdad que genera en la sociedad el régimen de partidos estatales no les afecta. No les concierne pues la sociedad son sólo ellos y no “los otros”, como si en esa división mental encontrasen la solución a su condición material de siervos voluntarios de un régimen que no es democrático.
Ya nadie puede negar, sin hacer el más bochornoso ridículo, la evidencia de vivir humillados por una oligarquía de jefes de partido sin autoridad moral y cuya única autoridad personal la obtienen del hecho de ser los usurpadores de toda posibilidad de acción política.
El derecho a votar implica, necesariamente, el derecho a abstenerse y solo este puede ser calificado de ético cuando se sabe que en el Estado de Partidos no hay nada digno.
La mentira y el crimen político, junto con su perdón, son aquello de lo que uno se hace cómplice votando sin democracia. Aquel que afirma votar como un mal menor, reconoce que no es libre de votar lo mejor, que no hay libertad de elección, que el sistema proporcional impide elegir a una persona que le defienda y que se le obliga a identificarse con un partido estatal dando permiso a la corrupción y corrompiéndose a sí mismo como cómplice del delito.
¿Quiénes son pues los demócratas? Son demócratas, sólo aquellos que se oponen a la falta de Democracia, ejerciendo su derecho a abstenerse.
Quien se abstiene hoy, es heredero de quien luchó contra la dictadura, con la misma conciencia pública, sabedores de que hoy no existe representación política, que los diputados no representan, ni pueden, a los votantes. Que las Cámaras no son representación de la sociedad en el Estado sino soez teatro público de la clase política. Que la cuota de poder de los nacionalismos no se corresponde con el voto.
Los demócratas, es decir, los abstencionarios son los portadores de la conciencia democrática que procurará la Libertad Política para los españoles.

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