Votas, te sientes libre y hasta te felicitas por “cumplir con la democracia”, pero si tu voto sólo ratifica listas diseñadas desde el poder, lo único que haces es legitimar el mismo sistema que dices querer cambiar. Te venden pluralismo y compras etiquetas; te hablan de soberanía popular y aplaudes sin preguntarte quién decide realmente. La ironía es brutal: crees participar mientras todo ya está decidido, defiendes bandos que dependen del mismo engranaje y llamas estabilidad a lo que en realidad es pura inercia política. Pero tranquilo, sigue votando convencido… el sistema necesita más creyentes que ciudadanos.
viernes, 15 de mayo de 2026
jueves, 14 de mayo de 2026
VOTAR SIN DEMOCRACIA
Votar sin democracia no es un acto de libertad, es una escenificación vacía destinada a legitimar lo que ya está decidido de antemano. Cuando el marco político niega la posibilidad real de elegir, el voto deja de ser un instrumento de decisión y se convierte en un mecanismo de validación del poder. No hay dignidad en participar en un proceso donde las reglas impiden cuestionar su propia base; eso no es participación, es sumisión revestida de civismo.
Lo verdaderamente indecoroso no es abstenerse, sino colaborar con una ficción que necesita del gesto del votante para sostenerse. Se pretende hacer pasar por responsabilidad lo que en realidad es conformismo inducido. Votar en ausencia de democracia no refuerza la libertad, la suplanta. Y quien participa sin cuestionarlo no ejerce un derecho: contribuye, consciente o no, a perpetuar el engaño.
miércoles, 13 de mayo de 2026
EL CONOCIMIENTO
A decir de Locke, nuestros conocimientos varían en claridad dependiendo de la concordancia o no de nuestras ideas. Lo que él llamó “conocimiento intuitivo”-aquel en el cual la concordancia o no concordancia de dos ideas se perciben por si mismas- son verdades que la mente percibe sin intervención de ninguna otra idea. Así lo blanco no es negro, un círculo no es un triángulo, etc. Es el grado más bajo del conocimiento.
El siguiente grado -cuando la concordancia o no concordancia de ideas no puede ser determinada de manera inmediata- se sirve de otras ideas para descubrir la concordancia o no concordancia que buscamos, a esto es a lo que llamamos razonar. Así, las ideas de que nos servimos se llaman pruebas y el resultado demostración. El conocimiento mediante pruebas no es tan rápido y requiere esfuerzo y atención. Se requiere una lenta progresión gradual antes que la mente alcance la certeza. Antes de ella, había duda. De vital importancia es la claridad de las ideas intermedias, pues si una de ellas es confusa los hombres abrazan falsedades.
La intuición y la demostración son los grados de nuestro conocimiento: todo lo que no pueda referirse a uno de éstos dos grados no es sino fe u opinión, pero no conocimiento.
Las ideas confusas no pueden producir un conocimiento claro o distinto, en cuanto que son confusas, la mente no puede percibir con claridad si concuerdan o no. Dicho de otro modo: quien no tiene ideas adecuadas a las palabras que usa no puede establecer proposiciones de cuya verdad pueda estar seguro.
Como decía Antonio García-Trevijano “Del error se sale, de la confusión, jamás”. Él mismo afirmaba también que la perversión intencionada del lenguaje impedía salir de la confusión.
Esta breve explicación, pienso, es muy adecuada para entender el gran problema que los españoles tienen para comprender que no hay Democracia en España. Es imposible que su razonamiento llegue a una demostración cuando las ideas están intencionalmente oscurecidas. Creen que hay Democracia sólo por la repetición de la propaganda estatal, pero no han realizado el esfuerzo de razonar si hay concordancia entre lo que existe y la idea Democracia. Si no se sabe que la idea Democracia tiene tantas definiciones como autores, pero que todas ellas se agrupan en dos principales, a saber: Democracia material -igualdad de condiciones- o Democracia política -separación de poderes más representación- es imposible demostrar mediante la razón la concordancia o no de esta idea y por tanto no puede haber conocimiento.
Sabiendo que en España no existe separación de poderes-en una votación se ratifica al legislativo y al ejecutivo- y tampoco representación política -las listas de partido y el sistema proporcional lo impiden- se tienen ya claras las ideas -herramientas- necesarias para saber si hay concordancia entre la idea Democracia -política- y la realidad existente. El negarse a razonar o negar el resultado de la demostración, no son un problema de inteligencia, sino de cinismo -tema que no interesa aquí-.
Para aquellas personas dispuestas a seguir sus propios razonamientos y dejar de creer para llegar al conocimiento, sólo hay un camino y éste es la claridad de las ideas necesarias para tales comprobaciones. En España no hay Democracia política pues las ideas no concuerdan con la realidad. Esa es la verdad de los hechos a la que cualquier individuo puede llegar por si mismo, si se dota de la claridad de ideas necesaria para llegar a tal conclusión. Le invito pues a investigar por su cuenta las definiciones de representación política y separación de poderes -ambas características mínimas de la Democracia política- para llegar a un verdadero conocimiento -demostración- y abandonar-creencias- que le mantienen en el error. Votar cuando no hay Democracia es un acto de ignorancia o de sinvergüencería. La ignorancia se puede remediar mediante el razonamiento. En su mano está pues la elección.
Nada puede ser tan peligroso como los principios adoptados sin examen, especialmente si influyen en la vida de los hombres. Si los que se consideran principios no son ciertos, sino que lo parecen por un asentamiento ciego por nuestra parte, entonces somos susceptibles de ser extraviados por ellos, y en lugar de ser guiados hacia la verdad seremos conducidos por tales principios hacia el error.
“Los apetitos y las pasiones nublan la razón. Decid a un hombre enamorado apasionadamente que ella lo engaña, y presentadle una veintena de testimonios de su falsedad. Tres palabras amables de ella invalidarán todos estos testimonios.”
La Verdad y la Falsedad (Alfred Stevens)
martes, 12 de mayo de 2026
jueves, 7 de mayo de 2026
DE LAS BARRERAS DE LA CONCIENCIA
La difusión cultural de la Libertad es una labor titánica. Quien ha pasado a la acción, sabe bien que enfrenta multitud de problemas y barreras para hacerse, no solo oír, sino comprender. En el presente texto, analizaré algunas de las dificultades que, por mi experiencia, resultan las más difícilmente soslayables.
Resulta fácilmente comprobable, para quien haya reflexionado sobre el asunto, que la forma de pensar está directamente relacionada con la educación recibida y el ambiente en el que el individuo se ha desarrollado. Si bien estas influencias pueden ser revertidas a través de nuevas experiencias y entornos, la conciencia tiende a la negación de cualquier contradicción que se presenta ante los criterios ya establecidos y fijados por el individuo. Este hecho es fácilmente reconocible cuando se habla con personas de otros países y con culturas muy desiguales. Uno tiene la sensación de hablar en códigos y parámetros diferentes.
De ser esta relación de las ideas y lo material algo enteramente determinista, no habría pues Libertad alguna en el individuo para poder modificar su pensamiento. Mi experiencia me demuestra que tal determinismo no es más que un fuerte condicionamiento y no una barrera infranqueable. Pero ese condicionamiento conlleva que para muchos sea una cárcel mental sin llave. El devenir de la historia, las condiciones materiales y la educación (no solo académica sino social y propagandística) son modeladores de las conciencias, pero en ningún modo imposibilitan la libertad de pensamiento.
Parece contraintuitivo pensar que no existe libertad de pensamiento cuando se analizan acciones cotidianas, uno no paga productos en su carro de la compra que hayan sido colocados por otras personas, no se permite que otra voluntad se imponga a la propia, no se permite a otra conciencia que se sobreponga a la personal. Es precisamente esta situación la que nos lleva al concepto de alienación (en la visión marxista). Alienación que define precisamente el proceso mediante el que se deja que otra conciencia se imponga a la nuestra, dicho de otra manera, la desposesión de nuestra condición humana (nuestra conciencia).
Una persona alienada sería aquella que justificase una situación adversa a sus intereses por la sumisión de su conciencia a una influencia exterior que le gobierna. En el caso de la falta de libertad política que se vive en España, situación claramente desequilibrada para los gobernados, el individuo justifica esa situación con todos los artificios intelectuales que sea capaz de generar. En lugar de que sea la propia conciencia la que determine que esa situación no le conviene, permite que la conciencia de quien le mantiene siervo se imponga. Acepta como inamovible la condición en la que vive sometiéndose así de forma voluntaria.
Esta interiorización del gobernado de la voluntad del gobernante le impide considerar que, sin él, quien le gobierna no podría ejercer su poder, que es precisamente la legitimación del poder que le somete, lo que mantiene esa situación de desventaja. En lugar de considerar esta situación, la persona alienada se aferrará precisamente a lo que la impide salir de esa relación. Mantendrá que la situación no puede cambiar, que siempre ha sido de esa manera, que nadie va ha cambiar y toda una serie de justificaciones de su propia anulación como individuo. Precisamente la situación ideal para la conciencia que se impone, pues sin consentimiento no hay servidumbre.
¿Cómo aceptar que se es un siervo voluntario? Uno no aceptará jamás esa idea, no de manera consciente, a menos que se esté alienado, en cuyo caso no solo se acepta, sino que se justifica. Lo que hace a quien se somete responsable de su sometimiento, no individual sino colectivamente.
Difícilmente se puede derribar la barrera que presenta una conciencia alienada, por lo que no deben ser ellas el objetivo de la labor de difusión cultural que nos proponemos. Las personas condicionadas, que no alienadas, por la situación de servidumbre en la que viven pueden, mediante la confrontación a otra conciencia que presente una alteración de lo experimentado hasta entonces, agrandar su estado de consciencia y mediante la reflexión y análisis comprender que su servidumbre no responde a sus intereses. La persona alienada actúa contra sus intereses sin ser consciente, reduciendo así su capacidad de salir de esta trampa. Como alguien drogado, cuyo estado de consciencia está disminuido por la droga, la persona alienada no puede darse cuenta de su situación, está incapacitado para ello. Sin necesidad de drogar a la población basta con crear las condiciones materiales que lleven al individuo a la alienación. Un votante sin democracia alienado jamás puede poner en tela de juicio su situación, la cual justificará de todas las maneras inimaginables e irracionales posibles. Para esta persona votar es un privilegio y de perderlo pondría en riesgo lo que considera normal, incluso beneficioso.
Una persona alienada no sabe, por definición, que está alienada, ni tan siquiera concibe la idea de alienación, si así fuese estaría, de hecho, saliendo de ese estado. Por tanto, es sencillo detectar el estado de alienación de una persona con la que se habla. Si no existe reflexión ni respuesta a la razón y la lógica, dando muestras de cerrazón y negación de lo que supone una alteración de sus creencias, estamos sin duda ante una barrera infranqueable que no merece el esfuerzo de ser enfrentada. Si por el contrario recibimos respuestas consecuentes a la lógica e intentos de volver a las creencias anteriores, tenemos ante nosotros una conciencia que está en mayor o menor grado lista para expandirse y donde habrá posibilidad de ejercer una influencia positiva haciendo que se exponga a nuevas ideas que le lleven a la reflexión.
Nuestra labor pues, es la de confrontar a las conciencias no alienadas, con otra visión distinta a la que los individuos consideran como “normal” y que puedan así mediante el autoexamen y la reflexión salir de un estado de consciencia limitado en el que su situación social, material e histórica les ha mantenido. Lo “normal”, lo que se ha hecho habitud, lo que se repite, es la mentira y la persona alienada no tiene capacidad para salir de esa normalidad. Pero lo “normal” para una conciencia que se cuestiona lo que es normal cuando se expone a una alteración de esa normalidad, puede y de hecho lo hará, reconocer esa normalidad como un perjuicio de sus intereses. La alienación es la privación de medios de reflexión sobre la propia condición, la privación de la conciencia de su propia servidumbre.
Con una sociedad alienada no hay necesidad de recurrir a la violencia como medio de dominación. Un totalitarismo evolucionado no necesita de la represión física. Y en esa situación el poder justifica su fuerza en el consentimiento del dominado. Ahí está la verdadera fuerza de la cultura de la Libertad, la capacidad mediante la alteración de la normalidad, de ofrecer una vía de reflexión a las conciencias para que reconozcan su estado de servidumbre rompiendo así la legitimación del poder. A más conciencias capaces de reconocer la mentira más deslegitimación, a más conciencias capaces de ofrecer una alteración a la norma más dificultades para que una mayoría esté alienada.
La conclusión positiva de toda esta reflexión sobre la alienación es que todos nosotros somos, individual y colectivamente, los depositarios de la conciencia humana sobre la tierra y si la lucha por la conciencia precede a toda otra lucha, si la lucha por la conciencia es la única que es imperdonable de no ser llevada a cabo, no olvidemos que ante todo se trata de una lucha contra nosotros mismos, de una lucha contra lo que nos impide ver claro, una lucha contra lo que dentro de nosotros juega en nuestra contra.
Relatividad - Maurits Escher
miércoles, 6 de mayo de 2026
martes, 5 de mayo de 2026
LA DESPOLITIZACIÓN DEL CIUDADANO
El Estado de Partidos no se sostiene únicamente por mecanismos jurídicos
o institucionales. Su estabilidad requiere una transformación más
profunda: la despolitización progresiva del ciudadano. Cuando la
sociedad pierde la capacidad de pensarse a sí misma como sujeto
constituyente, el control del poder deja de ser siquiera una aspiración.
La despolitización no implica apatía absoluta ni desinterés por los
asuntos públicos. Al contrario, en España existe una intensa actividad
discursiva en torno a la política:
debates mediáticos constantes,
confrontación ideológica, indignación moral, identificación partidista.
Lo que desaparece no es la política como conversación, sino la política
como facultad de decisión colectiva.
El ciudadano despolitizado opina, pero no decide. Se informa, pero no controla.
Participa
en discusiones sobre medidas concretas, líderes o escándalos, sin
cuestionar las reglas del juego que hacen irrelevante su opinión. La
atención se desplaza del poder como estructura al poder como
espectáculo.
Este desplazamiento no es casual. En ausencia de
Libertad Política Colectiva, la discusión sobre fines sustituye a la
discusión sobre reglas. Se debate qué debería hacerse desde el poder,
pero no quién lo controla ni cómo puede ser limitado. La política se
reduce así a una competencia moral entre relatos, no a una lucha por la
constitución del poder.
La educación cívica, los medios de
comunicación y el discurso institucional refuerzan este proceso. Se
enseña a los ciudadanos a identificarse con valores abstractos —
democracia, progreso, derechos— sin explicar las condiciones políticas
que hacen posible su realización. El lenguaje político se llena de
palabras nobles que encubren relaciones de poder intactas.
La
despolitización tiene además una dimensión psicológica. Al no existir
mecanismos reales de control, el ciudadano aprende que su acción no
tiene consecuencias. Esta experiencia repetida genera resignación,
cinismo o refugio en identidades ideológicas que proporcionan sentido
sin poder. El individuo se adapta al régimen reduciendo sus expectativas
políticas.
En este contexto, la protesta pierde su contenido
político. Puede ser masiva, ruidosa o emocionalmente intensa, pero
carece de eficacia estructural. Sin representación ni poder
constituyente, la protesta no amenaza al orden político: lo refuerza al
canalizar el descontento fuera de las instituciones decisivas.
El
resultado es una sociedad intensamente politizada en apariencia y
profundamente despolitizada en realidad. Se habla de política sin poder
político. Se exige responsabilidad a gobernantes que no dependen de los
ciudadanos. Se reclama cambio sin disponer de los instrumentos para
producirlo.
Comprender la despolitización del ciudadano es
esencial para evitar diagnósticos erróneos. El problema no es la falta
de interés, ni la ignorancia, ni la pasividad moral de la sociedad. El
problema es la ausencia de libertad política que convierte toda energía
social en ruido inofensivo.
Solo cuando la sociedad recupere la
conciencia de sí misma como sujeto constituyente podrá dejar de
confundirse participación con expresión y opinión con poder. Mientras
tanto, la despolitización seguirá siendo uno de los pilares más eficaces
del Estado de Partidos.
Extracto del libro LA MINORÍA CONSCIENTE. Descarga gratuita aquí
lunes, 4 de mayo de 2026
domingo, 3 de mayo de 2026
LA ACCIÓN CONSTITUYENTE
La Acción Constituyente: una filosofía de cambio político. Antonio García-Trevijano Forte.
La historia de la humanidad está marcada por grandes momentos de cambio, donde las ideas y la acción se unen para crear nuevas formas de organización social. La filosofía de la Acción Constituyente, describe un esquema de acción política que surge como respuesta a la necesidad de transformar las estructuras políticas existentes. En este simple resumen, exploraremos las partes principales de este esquema y cómo se relacionan para lograr un cambio significativo en la sociedad.
El esquema de la Acción Constituyente es posterior a la idea y anterior a la práctica, lo que significa que se basa en un conjunto de principios y valores que guían la acción. La filosofía de la Acción Constituyente de la República Constitucional se basa en cuatro Ideas-Fuerza: la representación de la sociedad civil, la separación de poderes, la lealtad de la forma a la materia y la equivalencia verdad=libertad. Estas ideas-fuerza son la base y motor para la acción política que busca transformar la sociedad.
Los principios generales del esquema de la Acción Constituyente son la continuidad, la homogeneidad y la retroacción. La continuidad se refiere a la necesidad de no detenerse en el tiempo ni separar, en el espacio nacional, las acciones para acumular inercias. La homogeneidad significa que los medios que se utilicen deben tener la naturaleza pacífica de los fines. Por último, la retroacción se refiere a la necesidad de incorporar a las acciones futuras las enseñanzas de las acciones ya efectuadas.
La Acción Constituyente se divide en tres fases. La primera fase es la fase de difusión, que tiene como objetivo destruir la servidumbre voluntaria. Esta fase se lleva a cabo a través de la acción horizontal, donde se difunden las ideas-fuerza de la Acción Constituyente a través de los más diversos medios. La segunda fase es la fase de acción constructiva de la Libertad Política Colectiva, que implica la movilización del Tercio Laocrático mediante consignas de acción llevadas a cabo por los más destacados difusores de las cuatro ideas fuerza (acción vertical). La tercera fase es la fase de agitación social, cuyo objetivo es forzar la apertura de un periodo de Libertad Constituyente cuando se alcance la saturación social que reclame la cristalización de la idea.





