Votar sin democracia no es un acto de libertad, es una escenificación vacía destinada a legitimar lo que ya está decidido de antemano. Cuando el marco político niega la posibilidad real de elegir, el voto deja de ser un instrumento de decisión y se convierte en un mecanismo de validación del poder. No hay dignidad en participar en un proceso donde las reglas impiden cuestionar su propia base; eso no es participación, es sumisión revestida de civismo.
Lo verdaderamente indecoroso no es abstenerse, sino colaborar con una ficción que necesita del gesto del votante para sostenerse. Se pretende hacer pasar por responsabilidad lo que en realidad es conformismo inducido. Votar en ausencia de democracia no refuerza la libertad, la suplanta. Y quien participa sin cuestionarlo no ejerce un derecho: contribuye, consciente o no, a perpetuar el engaño.
jueves, 14 de mayo de 2026
VOTAR SIN DEMOCRACIA
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