Votas, te sientes libre y hasta te felicitas por “cumplir con la democracia”, pero si tu voto sólo ratifica listas diseñadas desde el poder, lo único que haces es legitimar el mismo sistema que dices querer cambiar. Te venden pluralismo y compras etiquetas; te hablan de soberanía popular y aplaudes sin preguntarte quién decide realmente. La ironía es brutal: crees participar mientras todo ya está decidido, defiendes bandos que dependen del mismo engranaje y llamas estabilidad a lo que en realidad es pura inercia política. Pero tranquilo, sigue votando convencido… el sistema necesita más creyentes que ciudadanos.

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