Introducción
La teoría de las élites constituye una de las corrientes más relevantes dentro de la sociología política contemporánea. Frente a la concepción idealizada de la democracia como gobierno efectivo del pueblo, autores como Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels desarrollaron una visión realista del poder político basada en la existencia inevitable de minorías dirigentes.
Según estos autores, el poder nunca es ejercido directamente por la mayoría social, sino por grupos reducidos que concentran organización, capacidad directiva y control institucional. Mosca formuló la teoría de la clase política, Pareto desarrolló la circulación de las élites y Michels profundizó esta línea mediante la ley de hierro de la oligarquía.
Décadas después, Antonio García-Trevijano retomaría parte de estos diagnósticos para elaborar una crítica del sistema político contemporáneo, especialmente del denominado Estado de partidos o partitocracia. Sin embargo, a diferencia de los elitistas clásicos, Trevijano no considera que la oligarquización sea un destino inevitable, sino un problema institucional susceptible de corrección.
Los fundamentos de Mosca y Pareto
Gaetano Mosca y la clase política
Mosca parte de una observación fundamental: en toda sociedad existe una división permanente entre gobernantes y gobernados. Siempre aparece una minoría organizada que ejerce el poder sobre una mayoría desorganizada.
Esta minoría constituye la clase política, cuya superioridad no reside necesariamente en la fuerza, sino en su capacidad organizativa. Para Mosca, la organización permite a una minoría imponerse sobre una mayoría dispersa.
Además, introduce el concepto de fórmula política, entendido como el conjunto de principios e ideas que legitiman el poder de las élites. Estas fórmulas cambian históricamente —monarquía divina, soberanía nacional o democracia—, pero cumplen la misma función legitimadora.
Mosca no juzga negativamente esta situación. Considera que el gobierno de minorías constituye una constante histórica inevitable.
Vilfredo Pareto y la circulación de las élites
Pareto amplía la teoría elitista mediante el concepto de circulación de las élites. Según él, toda sociedad está dirigida por élites, pero estas no permanecen estables: se transforman y son reemplazadas constantemente.
Ninguna élite mantiene indefinidamente su vitalidad; con el tiempo se burocratiza y pierde eficacia, siendo sustituida por nuevos grupos dirigentes.
Pareto distingue entre dos tipos ideales:
Los “leones”, asociados a la autoridad, la fuerza y la tradición.
Los “zorros”, caracterizados por la negociación, la astucia y la flexibilidad.
El equilibrio entre ambos garantiza la estabilidad política. Cuando una élite pierde dinamismo aparece otra que ocupa su lugar.
Para Pareto, las revoluciones y cambios políticos no representan el triunfo del pueblo, sino la sustitución de unas élites por otras.
El desarrollo de Michels
Robert Michels y la ley de hierro de la oligarquía
Michels llevó la teoría elitista al estudio de las organizaciones modernas y formuló su conocida ley de hierro de la oligarquía.
Su tesis sostiene que toda organización compleja tiende inevitablemente a convertirse en una oligarquía.
El crecimiento organizativo exige liderazgo, especialización y burocracia. Como consecuencia, surge una élite dirigente que monopoliza información, experiencia y capacidad de decisión.
Este fenómeno se explica por varios factores:
Necesidad técnica de dirección, ya que las masas no pueden administrar directamente organizaciones complejas.
Concentración del conocimiento, que otorga ventajas permanentes a los dirigentes.
Pasividad relativa de la base social, que delega progresivamente funciones.
Burocratización, que fortalece los aparatos internos.
Michels observó este proceso incluso en organizaciones obreras y socialistas nacidas con ideales democráticos. Según él, los movimientos destinados a combatir las élites terminaban creando nuevas élites.
La consecuencia de esta teoría es una profunda crítica de la democracia liberal. Aunque formalmente el poder pertenezca al pueblo, en la práctica queda concentrado en élites organizativas y aparatos partidarios.
Para Michels la oligarquización no es accidental sino estructural: organización y oligarquía son fenómenos inseparables.
La respuesta de Trevijano: crítica de la partitocracia y defensa de la democracia formal
Coincidencias con la teoría clásica de las élites
La obra de Antonio García-Trevijano recoge buena parte del diagnóstico elaborado por Mosca, Pareto y especialmente Michels.
Con Mosca coincide en que el poder efectivo es ejercido por minorías organizadas. Trevijano considera que en los sistemas contemporáneos el poder no reside realmente en el pueblo sino en las cúpulas partidarias, que constituyen una nueva clase política. El ciudadano participa en votaciones, pero no existe la representación política.
Asimismo, acepta implícitamente la idea mosquiana de que las fórmulas políticas funcionan como mecanismos de legitimación. Para Trevijano, conceptos como “democracia” o “soberanía popular” ocultan realidades oligárquicas cuando el sistema político está dominado por partidos estatales.
Con Pareto comparte la crítica al ideal democrático ingenuo. Trevijano entiende que la alternancia entre partidos no implica transformación política real. Solo se produce una circulación interna de élites, manteniéndose intacta la estructura del poder.
Sin embargo, la mayor proximidad aparece con Michels. La crítica trevijanista del Estado de partidos reproduce en gran medida el diagnóstico oligárquico del sociólogo alemán.
Según Trevijano, los partidos modernos desarrollan:
burocracias internas;
élites permanentes;
disciplina jerárquica;
entidad estatal;
monopolio de la representación.
En consecuencia, dejan de representar a la sociedad y pasan a presentarse a sí mismos.
Esta idea conecta directamente con la ley de hierro de la oligarquía formulada por Michels.
Elementos que Trevijano rechaza
A pesar de estas coincidencias, Trevijano se distancia de los elitistas clásicos en un punto decisivo: rechaza el carácter inevitable de la oligarquización.
Mosca considera que toda sociedad será gobernada siempre por minorías. Pareto entiende la historia como sucesión de élites. Michels sostiene que toda organización termina convirtiéndose en una oligarquía.
Trevijano rechaza este determinismo.
Para él, la oligarquización contemporánea no constituye una ley sociológica universal sino el resultado de instituciones defectuosas. El problema no sería la democracia en sí, sino la configuración del Estado de partidos.
En consecuencia, la solución no consiste en aceptar el dominio de las élites, sino en transformar las instituciones políticas.
La propuesta republicana de Trevijano
Frente al modelo partitocrático, Trevijano desarrolla una teoría basada en la democracia formal y la República Constitucional.
Su propuesta incluye:
representación política efectiva mediante elección distrital;
independencia entre representantes y partidos;
estricta separación de poderes;
independencia judicial;
libertad política colectiva;
control institucional de las élites.
Mientras Michels afirma que organización equivale inevitablemente a oligarquía, Trevijano sostiene que unas instituciones adecuadas (inteligentes) pueden limitar la concentración del poder.
Así, donde los elitistas clásicos describen el funcionamiento real del poder, Trevijano construye una alternativa constitucional.
Conclusión
Mosca, Pareto y Michels constituyen el núcleo clásico de la teoría de las élites. Mosca formuló la teoría de la clase política, Pareto explicó la circulación de las élites y Michels desarrolló la ley de hierro de la oligarquía.
Estas teorías cuestionaron la imagen idealizada de la democracia y mostraron cómo el poder tiende a concentrarse en minorías organizadas.
Antonio García-Trevijano retoma gran parte de este diagnóstico para explicar la partitocracia contemporánea. Coincide con Mosca en la existencia de clases políticas organizadas, con Pareto en la persistencia de élites y con Michels en la tendencia oligárquica de los partidos.
Sin embargo, se aparta de ellos al rechazar el fatalismo elitista. Mientras los autores clásicos consideran inevitable el dominio de las minorías, Trevijano sostiene que instituciones correctamente diseñadas pueden limitar ese fenómeno y hacer posible una democracia representativa auténtica.
De este modo, la obra de Trevijano puede interpretarse como una respuesta normativa a la teoría clásica de las élites: acepta su diagnóstico sobre la concentración del poder, pero rechaza su conclusión acerca de la inevitabilidad de la oligarquía.
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