viernes, 6 de marzo de 2026

ABSTENCIÓN O VOTO NULO

 

A medida que el descontento con el régimen político actual se hace más y más manifiesto, se observa una inquietud por tomar medidas. Siendo la sociedad española, en términos políticos, de una ignorancia destacada, es fácil ver cómo estas personas recurren a los tópicos de conversaciones vacías. El tema de votar es recurrente entre ellas y a menudo se escuchan auténticos despropósitos como “si no votas favoreces al más votado o a la derecha o a la izquierda” Estos mantras, más propios de un patío de colegio que de una conversación entre adultos, es todo lo que necesitan para quedarse satisfechos. Como este no es su caso, puesto que está usted leyendo éste artículo por un interés en conocer las distintas opciones, vamos a repasar cuales son las implicaciones practicas y morales de cada una de las posibilidades que se presentan a quien es llamado a las urnas.

La primera posibilidad es, por supuesto, acudir a la urna e introducir una papeleta con los nombres que ha escogido el jefe del partido. Atender a la propaganda y creerse que los programas están para cumplirlos es algo que escapa a toda lógica cuando no existe democracia, pero existe esta opción y es la que la mayoría de los españoles, a día de hoy, toma como un deber. No quiero extenderme en el presente escrito en explicar por qué no hay democracia en España, por qué no hay una Constitución y por qué los derechos no están garantizados. Todo esto puede usted leerlo en nuestros otros trabajos. Vayamos pues a las implicaciones de este acto de votar.

Participar en el régimen actual votando, implica necesariamente, legitimar los resultados y apoyar el presente estado de las cosas, implica, a su vez, la renuncia a la representación del elector (votante en el caso actual) y deja en manos de una minoría de carácter oligárquico toda posibilidad de acción política y conlleva toda ausencia de mecanismos de control al poder. En cuanto a las implicaciones morales, es obvio que votar hoy sobrelleva la aceptación de una servidumbre voluntaria y la negación a los convecinos de toda posibilidad de liberarse de tal servidumbre. Implica de manera inequívoca la complicidad con todo acto inmoral que el gobierno elegido pudiese llevar a cabo, pues esa es la naturaleza del Estado de Partidos que existe hoy. Si los partidos roban es con el consentimiento y beneplácito de los votantes.

La segunda opción que analizaremos es el voto en blanco. Quien escoge esta opción está expresando, con su participación, una afección al régimen actual y una desafección de los diferentes partidos que se presentan. Está diciendo implícitamente que si existiese un partido que dijese lo que él quiere oír le votaría. Las implicaciones prácticas son las mismas que quien vota a un partido cualquiera. En primer lugar, sostiene y apoya el Estado de Partidos, pero no se decanta por ninguna opción. De existir un voto en blanco muy elevado, el poder, generaría un nuevo partido para satisfacer la demanda como ya ha sucedido. Es esta la causa que el voto en blanco no preocupa a los partidos. Un porcentaje elevado generaría cambios en el número de votantes necesarios para obtener escaños y favorecería en cualquier caso a los partidos mayoritarios. Desde el punto de vista moral no hay diferencia entre votar a un partido o votar en blanco pues con ambas acciones se refuerza y sostiene la servidumbre voluntaria. Del mismo modo se impide la libertad de los demás.

La tercera opción, el voto nulo. Quien decide votar nulo por desafección del régimen actual, pensando que una cantidad de voto nulo elevada mostraría un descontento de los votantes, esgrime el argumento de que estos votos son contabilizados. Siendo esto cierto, el caso es que lo mismo da que un señor se equivoque al introducir dos papeletas del mismo partido que aquel que introduce en el sobre un mensaje político más o menos grosero. A efectos prácticos el voto nulo no tiene repercusión en el reparto y no favorece a ningún partido. El efecto moral de esta práctica es engañoso pues a pesar que el que lo efectúa cree estar oponiéndose al régimen actual, su acto demuestra su sumisión, pues sigue participando del régimen creyendo combatirlo. Las cifras de participación no varían, aunque el 60% de los votos sean nulos. Será un éxito de participación y así se contará y se utilizará. Se deja la legitimidad de los gobernantes intacta pues se acude a la llamada de las urnas y allí expresa usted su descontento como el régimen le permite. Quéjese cuanto quiera, pero siempre dentro de los límites que el régimen marca.

La cuarta opción es la abstención. No acudir a las urnas implica que o bien no se está de acuerdo con el régimen o bien se tienen mejores cosas que hacer. Esto es tan difícil de cuantificar como cuantos votantes de un partido lo hacen por que quieren apoyarlo o porque quieren que no salga el supuestamente contrario. Las implicaciones practicas de la abstención en cuanto al resultado de las elecciones son las mismas que el voto nulo, es decir, no alteran los porcentajes de voto necesarios para alcanzar escaños. Por lo tanto, ni se apoya a unos ni a otros. Las personas que deciden abstenerse porque no desean que el actual Estado de Partidos continúe deciden no participar con el objetivo de deslegitimar su existencia. Deciden dar la espalda a todo lo que venga del Estado incluidas las llamadas a las urnas. Estas personas reservan su voto para cuando éste sirva para elegir, es decir, para cuando exista una democracia. Las implicaciones morales son muchas y la primera y más importante es personal. La demostración física de una coherencia con su propia conciencia. Sabedores que el voto hoy conlleva la servidumbre propia y la de los convecinos no están dispuestos a traicionarse a si mismos. El mensaje del conjunto de los abstencionarios (persona que no vota en conciencia) es la deslegitimación del poder. Un poder apoyado por una parte minoritaria de la población no puede gobernar pues no goza del respeto de los gobernados.

A menudo surge un debate entre los partidarios del voto nulo y los partidarios de la abstención. Es evidente para quien ha estudiado la historia y las relaciones de poder que sólo la abstención puede debilitar un régimen como el presente. Como ejemplo ilustrativo de la gran diferencia que existe entre uno y otro hagamos un ejercicio de imaginación. Supongamos un grupo de esclavos que está harto de sus amos y desea liberarse. Un grupo decide que siempre que se les de una orden la acatarán, pero harán mal su trabajo a propósito como medida de presión. Es claro que esto dificultará la labor del amo, pero su legitimidad sigue latente y podrá tomar medidas represivas eficaces, pues aún existe un miedo y un respeto al amo. Por el contrario, un grupo que se negase taxativamente a obedecer cualquier orden sería en todo modo ingobernable. Toda medida represiva sería no solo ineficaz sino contraproducente pues no hay nada que incite más a la rebelión que la injusticia moral. 

¿De qué mal morirá? Capricho nº 40 de la serie de grabados Los Caprichos creada por Francisco de Goya



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario