No es la primera vez que oigo que el voto es un “deber cívico”. Este es uno de tantos tópicos que los españoles repiten sin pensar y que no trae consigo la más mínima reflexión. Basta señalar que el voto es un derecho político y con este simple ejercicio de llamar a las cosas por su nombre ya vemos que, si se trata de un derecho, jamás se puede hablar de un “deber” y lo mismo sucede con su categoría, no puede ser “cívico” ya que es político. Pero a la mayoría de los españoles les basta con aprenderse una pequeña coletilla y pasan su vida así sin más preocupaciones. Como mucho cuando les toque sufrir las consecuencias se quejen un poco en el bar, pero volverán a votar a los suyos. Como de lo que tratamos aquí es de difundir la cultura, voy a hacer un pequeño repaso de lo que ha sido la historia del voto en España.
El sufragio en España ha sido un proceso largo y complejo que ha evolucionado a lo largo de los siglos. En la España medieval, el derecho al voto estaba reservado a la nobleza y a la alta jerarquía eclesiástica. A partir del siglo XIX, con la llegada de la Ilustración, comenzaron a surgir nuevas ideas que defendían la ampliación del sufragio a una mayor parte de la población. La primera vez que se votó en España fue en 1810, durante la Guerra de la Independencia contra Francia, pero sólo podían votar los hombres mayores de 25 años que fueran propietarios o tuvieran una renta determinada
Durante la Primera República (1873-1874), se produjo un avance significativo en la ampliación del sufragio en España. La Constitución de 1873 estableció el sufragio universal masculino, es decir, el derecho a voto para todos los hombres mayores de 25 años, independientemente de su condición social o económica. Sin embargo, la Primera República fue un periodo breve y tumultuoso, y pronto fue sustituida por la restauración de la monarquía. A pesar de ello, el sufragio universal masculino se mantuvo en vigor en la Constitución de 1876 y fue el marco legal en el que se desarrolló la política española hasta el siglo XX.
La incorporación de la mujer al voto fue un proceso más lento y difícil. En 1924 se concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de 23 años que tuvieran una educación universitaria o técnica, pero no fue hasta 1931, con la proclamación de la Segunda República, cuando se reconoció el sufragio femenino en igualdad de condiciones que el masculino. Sin embargo, tras el estallido de la Guerra Civil y el posterior régimen franquista, las mujeres volvieron a perder el derecho al voto. No fue hasta la llegada de la “Constitución” de 1978, cuando se estableció el sufragio universal en España, que permite votar a todas las personas mayores de 18 años, independientemente de su sexo, raza, religión o condición social.
Después de este somero resumen quiero hacer mención a otro de esos tópicos “Con lo que nos ha costado tener el derecho al voto”. Esta es una de esas frasecillas que demuestran hasta qué punto se desconocen los términos políticos y el significado de los mismos. Como se ha visto en la parte histórica de este texto, incluso en la Dictadura se votaba. ¿Cómo es que Franco dejaba votar? ¿pero si votar es Democracia? Pues NO, votar no equivale a Democracia pues para que haya Democracia debe haber Representación del elector (además de separación de poderes). Esto en España no sucede. Votar en España hoy, no difiere en nada a cuando se votaba en la Dictadura. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, votar hoy es refrendar lo que el poder ofrece, es decir, refrendar a los partidos estatales (instalados en el Estado). Los españoles no pueden elegir personas para que les representen (tal y como sucede en Reino Unido, Francia, EEUU) sólo pueden votar, que no elegir, partidos. Partidos que como entes que son carecen de responsabilidad en sus acciones y sobre los cuales no existe control por parte de los gobernados.
Votar hoy es mantener el poder en manos de unos pocos jefes de partido que se deben a poderes económicos y que controlan a todos los diputados que ellos mismos seleccionan, siendo estos empleados del partido. No es de extrañar pues, que las leyes, sólo respondan a los intereses económicos o electorales de los partidos estatales. Cuanto más se vote sin poder elegir a personas y no a partidos, cuanto más se vote sin representación política, más corrupción y más tiempo sin Libertad.
El español que vota cree (puesto que no se ha parado a razonar) que elige al presidente del gobierno y a los diputados. El jefe de cada partido no lo eligen los españoles lo elige el partido, los diputados que éste elige, evidentemente, no los eligen los españoles. Los españoles NO ELEIGEN NADA. Votar hoy es refrendar, no elegir. En España se refrenda a los partidos que niegan la posibilidad de elegir representantes. Se vota a los verdugos.
Muchos desconocen estas definiciones tan sencillas y siguen votando porque se creen (se cree cuando no se sabe) que votar es democracia. Otros muchos, que sí saben, votan por oportunismo económico o por pequeñas mejoras fiscales dependiendo qué partido estatal tenga más poder. Votar hoy es señal de ignorancia (algo que se puede corregir) o señal de sinvergüencería y oportunismo.
Quienes queremos una Democracia en la que se pueda elegir a los representantes que vayan a elaborar las leyes y sobre los que se pueda ejercer un control, sabemos muy bien que en España NO SE DEBE VOTAR. Lo único digno y cabal que puede hacer alguien que desee, que las leyes que habrá de obedecer, tengan la participación directa de aquellos que han de obedecerlas, es ABSTENERSE. No votar hoy en España es un acto de oposición a un régimen de poder que impide la Libertad Política de los españoles. Es proclamar un rotundo NO a la servidumbre voluntaria a la que los españoles se someten desde 1978. En ese año, ni llegó la Democracia ni el voto trajo la capacidad de elegir.
Los españoles viven en una eterna infancia en lo político necesitados de partidos estatales que les tutelen, temerosos de tomar las riendas de sus propias vidas y las de sus hijos. Viven en el miedo a la política y al disenso porque tienen en su ADN las secuelas de una Guerra Civil y una Dictadura de las que no han sabido desprenderse. Tienen miedo a la Libertad porque no saben, ni quieren saber, lo que es. Prefieren no hacer nada y que todo siga, aunque lo que ven no les guste. Todo menos reflexionar y dar un paso al frente para solucionarlo. En su ignorancia y en sus temores, no conciben que el verdadero peligro y de lo que de verdad deberían estar aterrorizados es de lo que pueden hacer hoy con ellos los partidos estatales.
Sin Libertad no hay garantía de los derechos que creen que tienen. No habrá libertad mientras se siga votando. NO VOTES, PIENSA.
El coloso. Francisco de Goya

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