viernes, 20 de marzo de 2026

LEALTAD Y NO FIDELIDAD.

 Los que nos consideramos repúblicos, es decir, aquellos que procuramos la Libertad Política y que reafirmamos la lealtad a lo público, hemos aprendido de D. Antonio García-Trevijano lo que la Lealtad supone para la Libertad, así como, la trampa que supone para ésta la Fidelidad.

La Lealtad, concepto clave para comprender la filosofía de la Libertad Política, ha de ser entendida en profundidad si se quiere estar en la acción de manera efectiva y coherente. En este pequeño escrito pretendo acercar al lector unas pinceladas de la relación entre Lealtad y Libertad. Si se desea profundizar, recomiendo la lectura de Teoría Pura de la República Constitucional donde se detalla, con la  precisión característica de D. Antonio, todo el concepto en su totalidad. Siendo ésta tarea imposible de realizar con calidad en un escrito de este tamaño, pido al lector indulgencia.

La Lealtad no es un deber hacia algo, piedad hacia alguien o fidelidad a un credo. Se es leal a las causas y fiel a las personas, es por ello, que quien es leal a la Libertad no puede doblegarse a asociaciones ni personas pues está consagrado a la Libertad por encima de todo. Siente el orgullo de pertenecerle a algo más transcendente que uno mismo. La Lealtad es la unión de la madurez moral y la inteligencia del sentido de la vida. No se trata de la voluntad de crear sino de la forma de estar. Su carácter impersonal la diferencia y la aleja de la fidelidad y la solidaridad, éstas siempre ligadas a las personas.

No entraré en este texto a detallar los múltiples ejemplos donde la Lealtad se muestra ante nuestros ojos como fundamento de toda moral y toda acción humana, bastará con mencionar que todo lo natural, por el hecho de serlo, es Leal a la Naturaleza. Nuestro ADN donde se arraigan las lealtades familiares, étnicas y vecinales, la lengua común, como primer nivel de la escala ascendente de la Lealtad social y otros ejemplos que no citaremos aquí.

El problema político es consecuencia directa de la deslealtad de su forma actual, el Estado de Partidos. En ésta forma, es la fidelidad la que asegura los cargos, es la deslealtad a los gobernados la que corrompe la moral y conduce a la corrupción material de manera irremediable. La Lealtad produce ciudadanos y la fidelidad súbditos. Por ello sin Lealtad no hay posibilidad de ser Repúblico. Algo a tener muy presente a la hora de pertenecer a asociaciones que afirmen estar por la Libertad. Error en el que caen una y otra vez las revoluciones. Se puede ser fiel a alguien y desleal con uno mismo, y al serlo, anularse a sí mismo. Por tanto ,toda acción colectiva que se base en la fidelidad y no en la Lealtad se aparta de la Libertad Colectiva, pues ésta, es inseparable de su principio originario, que es precisamente, la Lealtad.

Se piensa erróneamente, por la corrupción moral existente, que el egoísmo de grupo impide que la Lealtad pueda conducir a la solución política. No se cae en la cuenta que es la falta de inteligencia en la acción (basada siempre en la fidelidad), la falta de Lealtad a la sociedad por parte del Estado y la falta de representación en lo público lo que impide hoy, que el problema político se resuelva de manera pacífica.

Es una inversión de la moral, basada en la Lealtad y no en la fidelidad, la que hará posible la creación de instituciones inteligentes al servicio de la sociedad de la que surgirán. La fuerza nuclear de la Lealtad está en las relaciones de convivencia vecinal donde aún son perceptibles los vínculos de la vida en sociedad y la interdependencia de los individuos. Esta Lealtad vecinal planteará la necesidad de generar unas instituciones que permitan el progreso de la Lealtad política a los niveles superiores de extensión poblacional. Una reinversión del estado actual de las cosas donde la corrupción moral fundadora del Estado de Partidos desciende hasta las relaciones de vecindad de la mano de la fidelidad.

El Estado de Partidos no tiene vida moral, arrastra su existencia como cuerpo corrompido y corruptor hasta que la Lealtad de los ciudadanos a si mismos, lo dejen caer en el hoyo de podredumbre que él mismo ha creado. Sólo enterrando este muerto viviente habrá posibilidad de Libertad y de Lealtad para los ciudadanos.

Siendo la fidelidad a una persona el principio monárquico y la Lealtad a la causa de la Libertad e igualdad ciudadana, los principios del espíritu republicano y estando la actual Monarquía ligada al Estado de Partidos es claro que la forma política que traerá la Libertad y la Democracia no puede ser otra que la República Constitucional. Ambas formas son opuestas, descendente la primera, ascendente la segunda quedando claro que es la Lealtad a la Libertad y no la fidelidad la que creará de abajo hacia arriba la estructura que llevará a las instituciones la garantía de una sociedad Libre.

El resorte de la tiranía es el miedo, el de la Monarquía, el honor, el de la República, la virtud, el de la Oligarquía de partidos, la corrupción y el de la República Constitucional la Lealtad.

Alcanzada la República Constitucional la Lealtad se impone mediante el castigo a la deslealtad en la representación, en los cargos políticos y en las funciones públicas garantizando su permanencia. Se convierte así en norma positiva de especial aplicación a gobiernos, representantes y funcionarios. A los programas electorales, a los mandatos de los electores, a la función pública y al público en los servicios que a éste se prestan. Incorporar el principio de Lealtad a la relación de poder para regular la relación política entre Estado y Nación. La deslealtad es más fácil de ver y enjuiciar que la prevaricación.

Pregúntense si son ustedes leales a sus convecinos y sabrán si es el egoísmo de grupo lo que impide la Libertad o son ustedes mismos quienes son los egoístas. Cuestionen el acto de su voto sin Democracia y la deslealtad que encierra para consigo mismo y para con sus convecinos. Analicen la fidelidad que depositan en facciones estatales de un poder desleal con los gobernados.

La Lealtad, inseparable de la Libertad-Política Colectiva, será la fuerza y principio moral de la Revolución de las conciencias que se eleve desde lo vecinal a lo más alto para revertir la situación de servidumbre voluntaria en que se vive. Sólo así puede terminarse con la inmoralidad de una vida indignamente aceptada, la crueldad de mantener a los demás presos de una situación de injusticia social y el imperdonable quietismo de condenar a nuestra propia familia a vivir en una sociedad podrida.

Busquen cuantas justificaciones quieran para cometer esa deslealtad de votar. Miéntanse cuanto quieran y corrómpanse hasta la médula entregando su libertad y la del resto de la sociedad en una urna sin dignidad. Se traicionan ustedes a si mismos y se deshumanizan en el proceso. Actores de primera línea de la corrupción que critican, cínicos de una culpa que no desean reconocer.

Aléjense de la fidelidad, recuperen su lealtad y serán libres. No voten hasta que la Lealtad esté instaurada en la sociedad y en el Estado. Absténganse y sean leales a sí mismos y recuperen la dignidad con cabal oposición a la corrupción.

 El esclavo rebelde. Miguel Ángel Buonarroti

 


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