La transición no fue la obra de los españoles como afirma la propaganda estatal, fue la obra del grupo constituyente, apenas una docena de personas instaladas en los cargos de decisión del Estado y los jefes de los partidos de oposición. El pueblo español engañado por la aparente apertura y acostumbrado a obedecer refrendó lo ya decidido por unos pocos. Todo lo demás son mitos carentes de substancia y esperanzas basadas en ensoñaciones.
Pero el pueblo español es heredero de la forma de Estado por el mero hecho de ser españoles. Al igual que heredó la Dictadura, hoy soporta el resultado de la Transición (el Estado de Partidos). Ya sea de forma activa o pasiva todos hemos heredado esta forma de gobierno y esta forma de Estado. Y no podemos renunciar a esa herencia salvo si colectivamente se cambia. Sólo renuncian aquellos que luchan por la Libertad y se oponen a la mentira política. Esa minoría rebelde ante la indignidad de la servidumbre voluntaria.
Nuestra herencia es el deshonor que representa la aristocracia sin mérito, libre para delinquir y mentir y que una mayoría refrenda acudiendo a la urna sin Democracia.
Yo renuncio a esta herencia de la única forma posible, combatiéndola, para que un día la Libertad permita que los españoles sean los únicos artífices de la obra política. No estoy solo, y llegará el día en que seremos millones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario