jueves, 26 de marzo de 2026

VOTAR SIN ELEGIR

 Solo los oportunistas y los incautos acuden a las urnas cuando no hay posibilidad alguna de elección. Se podría elegir si hubiese representantes leales y opciones diferentes, pero eso no bastaría para hablar de una mejora electiva, haría falta que los electores pudiesen crear sus propias candidaturas. Sólo así se podría hablar de una verdadera elección. Sin libertad para crearlas, se acepta lo que se ofrece, que no es otra cosa que la negación misma de la libertad.

EL acto de votar sin elegir, es el acto de la sumisión a una oligarquía entronizada en el Estado a la que se legitima voluntariamente para que tenga el monopolio legal de la violencia (soberanía).

Una sociedad que busca las libertades privadas, los derechos civiles y las libertades públicas individuales no puede alcanzar a ver que lo realmente importante para su bienestar sería la libertad política en la designación y destitución de los gobiernos. Así no es de extrañar la apatía general de una sociedad atosigada por televisiones, radios y encuestas de opinión. Impuestos los disvalores del más repugnante relativismo moral y guiados por el oportunismo, la cultura política europea persigue quiméricos proyectos reformistas de la partidocracia. Tal es el miedo que les infunde la libertad y el vacío que les provoca pensar en la pérdida de sus privilegios y retribuciones. Los Estados de Partidos niegan la verdad, la justicia y la libertad mientras aparentan lo que no son. Todo es falso, ficción, injusticia y corrupción. Todo lo que ofrecen son caminos que no llevan a la libertad de elegir, ni siquiera de pensar. 


 

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