miércoles, 1 de abril de 2026

DEMOCRACIA DIRECTA

No son pocos los ilusos u oportunistas que hacen proselitismo de la democracia directa como la solución al Estado de Partidos que existe en España. Para aquellos que creen, de manera inocente pero bien intencionada, que tal forma de gobierno es deseable tengo unas palabras que deberían considerar primero de lanzarse a los brazos de los demagogos.

Uno de los principales argumentos para defender la democracia directa hoy, es el uso de la tecnología como forma de superar la imposibilidad de reunir a un elevado número de personas. Se piensa que con los medios electrónicos disponibles sería relativamente sencillo implementar aplicaciones capaces de poner literalmente en los bolsillos de cada español la capacidad de voto. Si bien es factible, y soslayando las reticencias que tal sistema podría suscitar en cualquier persona con sentido común, el verdadero problema que esto supondría sería simple y llanamente que sería la pasión y no la razón la que nos gobernase. Pasión que sería de hecho fácilmente manipulable en cada momento y que daría como resultado unas leyes cambiantes según los vientos de la opinión. Opinión que estaría del mismo modo en manos de las élites que controlasen los medios de comunicación. Daría tal sistema rienda suelta al gran peligro que supone dejar en manos de la mayoría todo el poder legislativo sin los necesarios mecanismos de control que garantizasen los derechos de las minorías (Constitución). Hablamos aquí de una dictadura de la “masa”.

Cualquiera de nosotros, si somos honestos, reconoceríamos que la gran mayoría de nuestros convecinos (incluso nosotros mismos) carecen de la capacidad para siquiera entender las consecuencias de las leyes que se les propusiesen y poco importa de dónde viniesen esas propuestas, pues si han de ser expertos los que las realicen o los mismos ciudadanos individualmente, estaríamos ante una élite controlable en el primer caso y un caos irracional en el segundo.

La capacidad de elegir no es la única capacidad deseable de un gobierno consentido y por tanto digno. Elegir sin controlar no traería la justicia a la que tal gobierno consentido debe aspirar. La desigualdad se generaría inmediatamente mediante la simple manipulación de las pasiones. La ciencia social ha demostrado que la tendencia facciosa del ser humano es un hecho cierto, repetido una y otra vez en la historia, y que los individuos, incluidos los más inteligentes, se comportan de manera menos racional cuando se reúnen en una masa. Cambiar la tiranía de unos pocos (Estado de Partidos), por la tiranía de la mayoría (Democracia Directa o Asamblearia), no es la solución. La solución es un sistema en el que la Libertad política quede institucionalizada en la forma de la Democracia Representativa dentro de una República Constitucional en la que la representación política esté personificada por los representantes de cada distrito ligados por mandato imperativo de los electores, los cuales tras el necesario filtro del debate y la deliberación en una cámara de representantes, elaboren como resultado, unas leyes que respondan a la razón y no a la pasión y donde la separación de poderes garantice el control de tal gobierno consentido. Donde una Constitución sea la herramienta de control del sistema político y garantía de los derechos de los ciudadanos.

 

“Del mismo modo que la mayoría de los ciudadanos que tienen suficiencia para elegir no la tienen para ser elegidos, el pueblo, que tiene capacidad suficiente para darse cuenta de la gestión de los demás, no está capacitado para llevar la gestión por sí mismo” Montesquieu.

Pericles. Museos Vaticanos. Daniel Prieto 


 

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