La confusión que existe en España, en lo que respecta a la forma de organización política de la sociedad, impide que una gran mayoría de los españoles comprenda su situación. Una sociedad muerta, en términos políticos, que no hace nada para entender las causas de los males y abusos que padece -pese a ser algo que está a la vista de cualquiera- y que se limita a la rabieta infantil ante las leyes que se le imponen, cuando no al cacareo de consignas ideológicas que ha visto o leído en los medios propagandísticos del Estado.
Basta acudir al rito de la urna sin Democracia, para durante cinco minutos, creerse capaz de ser ciudadano activo e incluso salvador de España. Suficiente, eso es todo lo que están dispuestos a hacer. Así lavan sus conciencias y así perpetúan sus males. De ese modo se ciñen el yugo creyendo que eligen algo o a alguien. Y dentro de cuatro años, otra vez, pues de todos es sabido que, si se hace siempre lo mismo, el resultado cambia. Y tras 45 años, todo sigue igual.
Los españoles que votan han conseguido, sin saberlo, la igualdad. No la igualdad ante la ley ni la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de todos los gobernados, pues del mismo modo que en una verdadera Democracia todos los gobernados son iguales porque lo son TODO, en el Estado de Partidos todos son iguales porque no son NADA.
Iguales en la servidumbre y la falta de Libertad, iguales en la falta de control del poder e igualmente indefensos sin una Constitución que garantice sus derechos. Qué maravilla de igualdad para aquellos que no son iguales, para aquellos que mantienen el poder “atado y bien atado”. Qué fácil gobernar al pueblo español que desea seguir ignorante y servil no importando los desprecios que reciba ni las humillaciones que soporte, “que me roben los míos”. Qué importa, si ya somos todos iguales, pues ya todos somos LA NADA.

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